Cuando me di cuenta de que la casa estaba habitada por ellos, pensé en lo que me podría pasar. Tomé las llaves y los quince mil pesos y tome un caballo con destino directo a un pueblo lejano el cual le gustaba a Irene.
Allá encontré un campesino amigo mío y le entregué las llaves para que se fuera a vivir a la casa. Entonces ya podríamos vivir felices y disfrutar este dinero.
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